miércoles, 25 de agosto de 2010

Nota en suplemento VOS de La Voz del Interior sobre algunos narradores en Córdoba


Aquí, una nota publicada hace días en el suplemento VOS del diario La Voz del Interior, sobre la presencia del realismo en las producciones de algunos narradores cordobeses. En la entrevista están Sergio Gaiteri, Federico Falco, Luciano Lamberti, Fabio Martínez y quien suscribe.

Aquí la nota completa, o clickeando en la imagen

Entrevista en CLUB LOCAL


Acá se puede ver el resultado de la invitación al programa de radio CLUB LOCAL, emitido todos los martes a las 23 por Radio Sucesos, en la ciudad de Córdoba. Fui invitado para hablar sobre la publicación de Hadrones y sobre lo que pudiera surgir en ese momento, claro está. Aquí dejo el link para acceder a la entrevista, que salió por radio y luego fue colgada en el sitio Web del programa.

Entrevista aquí o clickeando en la imagen y sitio Web del programa

martes, 9 de febrero de 2010

"El sueño de monk" en Diario Crítica




Segundo cuento del libro, publicado los primeros días de enero 2010 en la sección Cultura del Diario Crítica, con ilustraciones de Carola Rousso.






"En su libro Hadrones, publicado por la más que interesante editorial cordobesa Recovecos, el autor juega con los miedos comunes del ser humano. Nació en abril de 1982 y es de Neuquén. Publicó, además, el tomo de relatos Grises, verdes."

Reseña de Pablo Dema publicada en 2 Cartógrafos (Río Cuarto, Córdoba)

Son cinco relatos, el último, el que le da título al volumen, es el más extenso (cuarenta páginas). Hay cosas mejores que otras y el último relato sin dudas justifica por sí solo el libro. Pero hay que apuntar que para mí no es un libro desparejo ni rellenado con algún texto que engrosa el volumen pero que es innecesario. Muy por el contrario, los cinco funcionan como trazos imprescindibles para delinear una poética sólida. Poética significa: un programa estético definido, una serie de pautas que un artista se da para darle forma a sus creaciones: serie de principios, moral de la forma, cosas que se hacen y cosas que no se hacen siempre: una marca: una voz propia: un mundo propio. Alguien que escribe es un escritor cuando sabe lo que hace y asume los riesgos, cuando establece un tipo de relación con la lengua y no se aparta de ese vínculo que lo define. Me parece que ese vínculo es originario o primordial, que es un modo de entrar en escritura que afecta al que escribe casi como una marca de carácter. El escritor Vigna es así, o hace esto: habla sobre este mundo, sobre su mundo que es el nuestro. No hay recreación de contextos anteriores, no hay proyecciones de mundos futuros, no hay una realidad atravesada por elementos sacados de cuentos de Lovecraf ni de novelas de King en las que es difícil creer.

Reseña en diario Crítica - Juan Ignacio Calgano

ELOGIO DEL TEMOR

“Este libro se lo dedico al miedo”, dice Diego Vigna antes de que comience el primero de los cinco cuentos que componen Hadrones. Esta extraña dedicatoria nos pone sobre la pista de lo que se agita detrás de estos relatos donde el orden de lo cotidiano se ve amenazado por pequeñas catástrofes suspendidas, derrumbes a punto de suceder. Los personajes se desenvuelven en la sombra que proyecta esta amenaza: una mujer devorada por los celos, un hombre enamorado de una madre soltera, un niño que por un encadenamiento fortuito de circunstancias queda del lado de afuera de la casa de campo de un amigo en pleno invierno. En “Hadrones”, el cuento que da nombre al libro, un muchacho decide pasar junto a su padre los días previos al supuesto fin del mundo. Los hadrones son partículas subatómicas que pueden ser aceleradas mediante el Gran Colisionador de Hadrones (LHC), una máquina capaz de reproducir a pequeña escala el choque de partículas que dio origen al universo. El peligro que entraña la puesta en funcionamiento de esta máquina hace sospechar que el día señalado para poner en práctica el experimento será el último de la humanidad.
Dan Brown, en Ángeles y demonios, teje su trama a partir del LHC y de la utilización de una pequeña porción de la antimateria que genera el Gran Colisionador como un poderoso explosivo capaz de barrer una ciudad entera. Sin entrar en argumentos enrevesados ni intrigas rebuscadas, Vigna narra la reunión de los vecinos de Cuesta Blanca, un pueblito de Córdoba, en torno al televisor que transmitirá en vivo el accionamiento de la llamada “Máquina de Dios”. El autor relata con el pulso acompasado de este rincón de las sierras argentinas la relación del protagonista con su padre y con la nueva esposa de éste, una mujer que sufre de enanismo, y el encuentro casual con una francesa que está de visita. El miedo aquí no se traduce en psicosis, ni desata un pánico generalizado, sino que se siente de una manera íntima, como si fuera producto de la responsabilidad que implica estar vivo antes que de la cercanía de la muerte.
Diego Vigna nació en Neuquén en 1982. Generacionalmente, podríamos decir que es un joven narrador, una etiqueta que no suma ni resta méritos, pero que permite leer Hadrones como la búsqueda de una voz, o un proceso de maduración en tránsito, y desde esta perspectiva se trata de un libro más que auspicioso.

Juan Ignacio Calgano

(Aquí el vínculo al PDF de la edición impresa)

Texto leído por Alejo Carbonell en la presentación de Hadrones, publicado en diario La Capital de Rosario

Diego Vigna tiene una intencionalidad, desde que publicó su primer libro, Grises, verdes, de discutir sobre el campo literario a partir de lo que escribe. Es decir, armar un artefacto estético que desde sus propios resultados escanee el folclore de la narrativa contemporánea inmediata.

Hay tres premisas que los narradores de su generación tienen como caballito de batalla: el tic generacional, es decir, el intento de generar empatía rápidamente con el lector a partir de experiencias y recuerdos en común (sobre todo los de la infancia); el chiste fácil, descontracturado, que deja a los relatos en la superficie, a un click de mouse del olvido, y la preocupación por dominar todo lo que ocurre en las escenas, de modo de poder llegar a un final bien escrito sin sobresaltos. Estas tres premisas están ausentes en Hadrones.